La fuerza de los buenos deseos
VALERIANE BERNARD THIEL
Directora, Asociación Brahma
Kumaris de Costa Rica
Este Articulo en formato .doc
En la época contemporánea,
en la cual uno piensa y mucho después se da cuenta de la calidad de sus
pensamientos, tener buenos deseos es una forma de practicar el pensamiento
positivo voluntario.
Por lo tanto, tener buenos
deseos llega a ser una herramienta de auto conocimiento y le permite darse
cuenta del estado de descuido que esto implica internamente
¿Qué es un buen deseo? Todos
somos seres espirituales y tener un buen deseo para el propio ser o para
otro, básicamente, es como desearle al otro que conozca y viva lo que
profundamente ya tiene, porque cualquier ser, cualquier alma es
espiritualmente una personificación de paz, amor, verdad, luz y belleza.
Sin embargo, es bueno
preguntarnos a nosotros mismos, con el fin de hacer una evaluación, ¿cuánto
lo vivimos? y viendo a los demás ¿cuánto lo vivirán ellos?
Tener un buen deseo podría
ser desearle a los demás que se conozcan mejor, que vivan de acuerdo a lo
más profundo de su espíritu, de su alma y de su corazón.
Cuando uno le desea esto al
otro es porque uno sabe realmente, en lo profundo, que la otra persona tiene
mucho potencial de paz y amor.
Esta intención permite que
la energía esté fluyendo desde mí hacia la otra persona y esté basada en una
mirada profundamente misericordiosa y amorosa, una mirada de igualdad de
alma a alma, deseándole al otro que conozca y viva su propio potencial, la
belleza que lleva dentro, deseándole algo que sí puede alcanzar, deseándole
algo que uno sabe no está ajeno o tan lejos de él o ella.
Observando la forma en que
nos manejamos en el mundo, a menudo deseamos a los demás cosas como “que por
fin tenga paciencia”, “que se ponga las pilas”, “que ya se ilumine”, etc.,
siendo éstos deseos que parecen buenos pero que al final son “malos deseos”
porque, en aquel momento, es mi juicio y mi impaciencia la que motiva mi
pensamiento, es decir, que esto llega a ser a menudo el reflejo de mi
negatividad.
La meditación y los
buenos deseos
Cuando empezamos a conocer
qué son los principios espirituales del ser (paz, verdad espiritual eterna,
poder de amor), y los percibimos, aunque no se estén viviendo al 100%, se
empieza a presentir que sí están dentro de mí y existen en todos los seres.
Por medio de la meditación
uno lo indaga y lo percibe y llega a tener esta visión hacia los demás.
Puede ser que no conozca mi propio poder pero, si llego a percibirlo, sé que
está ahí.
De la misma manera, empieza
a suceder con los demás, puede ser que alguien esté de mal humor o
irrespetuoso pero sabemos que, en lo profundo, esta persona posee
capacidades y uno empieza a verlas y dirigirse hacia ellas.
Así, nuestra mirada, de
alguna forma, tiene el poder de despertarlas, creando un vínculo,
permitiéndole mayor confianza en sí mismo.
Cuando nos empezamos a
relacionar de esta manera, basada en los buenos deseos, internamente uno
percibe la división que hay entre el campo de la acción y el hacer,
discerniendo entre lo bueno y lo malo.
Además, por el hecho de que
ya no hay miedo, debido a que reconocemos que somos buenos, experimentamos
ese poder y se llega a ser capaz de ver nuestras propias debilidades.
Buenos deseos para uno
mismo
Es importante darse cuenta
de que la primera persona con quien se tiene que tener buenos deseos es el
propio ser pero ¿qué significa tener buenos deseos para sí mismo?, ¿Cuáles
son la metas que se quiere alcanzar?
Si quiero aprender qué es el
amor, tengo que tener paz y paciencia, elevar los criterios propios y la
practica a nivel de mis principios dentro del marco de respeto hacia los
demás.
Para aprender a relacionarme
conmigo mismo, tengo que tener fe en mi propio potencial basado en mi
conocimiento y experiencia.
Para aprender a meditar se
requiere una cierta guía o información espiritual. Es mediante la meditación
que se adquiere experiencia y conocimiento espiritual, lo cual, a su vez,
proporciona una información espiritual que tiene mucho poder y que trae
mucho beneficio, y es lo que se denomina sabiduría.
Es bueno saber impregnarnos
de este conocimiento espiritual tanto en la acción como en el pensar. De
esta manera, gracias a la forma en que nos entendamos a nosotros mismos, se
llegará a sentir la necesidad también de poder refinarse.
Tener buenos deseos no
significa que seamos ciegos a la verdad y a la debilidad, significa aprender
a mirarse con madurez y entenderse con sabiduría e irse desprendiendo de
estas debilidades y reemplazarlas por fortalezas.
Asimismo, se tiene la
capacidad de crecer cuando se llega a sentir plenamente ¿qué es el ser?,
¿qué es lo que éste puede alcanzar?
Dios conoce nuestras
debilidades y negatividad. Sin embargo, no nos juzga con base en ellas sino
que El experimenta buenos deseos hacia nosotros porque posee la mayor
cantidad de poder y sabiduría natural para hacerlo.
La fuerza de los buenos
deseos
Es importante entender el
poder de la negatividad y los malos deseos para entender la fuerza de los
buenos deseos. Todos poseemos la capacidad de captar y crear buenos y malos
deseos.
También llega a ser esencial
entender la sutileza y la pureza de los buenos deseos. Para ello, debemos
plantearnos ¿cómo es Dios en su relación con nosotros? y si somos capaces de
entender y percibir con más sutileza la capacidad y la naturaleza pura de lo
positivo.
Dios es el único ser que
posee la perspectiva global, conoce nuestro poder y nuestro potencial, posee
el nivel espiritual para entender exactamente qué es la perfección y tiene
la capacidad de percibirla porque somos hijos de él y todo lo que ha creado
es perfecto.
En el ámbito de los deseos,
hay que diferenciar el concepto de los deseos materiales del de los deseos
espirituales, debido a que, actualmente, el mundo llama al consumismo y a
tener y tener.
Sería bueno pensar, desear y
proyectarnos entendiéndonos a nosotros mismos y a los demás, entendiendo su
potencial y ver en qué condiciones este potencial se puede realizar porque,
en la medida en que se desea algo con fuerza, bueno o malo, positivo o
inútil, esto crea una fuerza interna muy focalizada para obtener o alcanzar
lo que se quiere.
Deberíamos preguntarnos
¿Tanta energía será siempre bien utilizada? Al estar deseando muchas cosas
del ámbito físico y material, nuestros canales internos de preocupación
están enfocados solamente hacia esto, desgastando nuestra energía.
Por el contrario, si uno
empieza a entender lo que son los buenos deseos del alma, los deseos de
Dios, uno puede sentir la calidad de dicha, de plenitud que puede llegar a
alcanzarse, de esta manera, uno empieza a querer más y a querer seguir
aprendiendo de los buenos deseos de Dios, verificando mi relación con los
demás, dejar a un lado el “yoísmo”, para ser cada día más generoso en la
vida, atrayendo por consecuencia abundancia a nivel espiritual, emocional,
mental e intelectual.
Los
deseos espirituales
Cuando se incrementa la
capacidad de hacer esfuerzos y de compartir, los buenos deseos llegan a ser
semillas para aprender a desear cosas mejores, cada vez más elevadas, puras,
precisas y verdaderas hacia los demás y hacia uno mismo.
Es importante poseer fuerza
en mis buenos deseos, es una energía real que no es mecánica, porque se
aprende a comunicar con los demás, desarrollando una mejor relación, al
dejar de ver sus defectos, porque cuando se miran defectos en los demás, lo
único que se obtiene es infelicidad.
Al tener buenos deseos, la
persona crea un vínculo con los demás y llega a ser un puente muy elevado,
una mejor energía.
Si el otro no cambia y sigue
viendo mis defectos, lo que debo aprender es que eso no me afecte ya que,
cuando se logra alcanzar ese nivel, se tiene una mejor disposición con la
fuerza de los buenos deseos y ésta es la mejor forma de protegerse.
Cuando una persona tiene mal
carácter, es impresionante que este defecto lo refleje en su relación con
los demás pues muchas veces toma la ley por sus propias manos a pesar de que
nadie posee un diploma espiritual para juzgar a los demás.
Cuando alguien no es amable
con nosotros es el reflejo de cuánto ha sufrido y es cuando más necesita de
nuestro amor incondicional.
Por ello, el tener buenos
deseos hacia personas que no los tienen para nosotros es una prueba de
paciencia que nos pide no tener límites para dar nuestro amor, para dar
nuestra paciencia.
Con los buenos deseos
acompañados de amor incondicional expandimos el amor ilimitado que Dios
tiene con nosotros, empezando a percibir que lo que El tiene es mío en la
medida en que siento que soy de El.