Trasformar
el ego
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Por
Valeriane Bernard
Ego
significa yo. Es normal tener ego, pero nosotros tenemos una visión
limitada sobre el yo.
El
verdadero yo es positivo. El yo puro es lo que realmente soy. Pero nosotros
nos identificamos sólo a la imagen física y su historia.
Debemos
entender que lo que yo soy es un ser con un potencial enorme, una capacidad
refinada y sutil. Nosotros vivimos una mentira cuando nos creemos sólo la
imagen. Si yo me identifico a ser mamá mi felicidad vendrá de mis hijos,
si me identifico al papel de pareja mi felicidad vendrá de éste, si me
identifico al país me siento feliz por el orgullo, etc.
Nosotros
nos encerramos en sentir felicidad en base al orgullo, al papel, a las
posesiones, y no en base a lo que soy realmente. Por ejemplo el fútbol: hay
mucha felicidad cuando el equipo que uno sigue mete un gol, pero fácilmente
nos enojamos con la afición contraria.
Esa
es la identidad basada en ser lo opuesto del otro. Es peligroso, porque si
andamos en competencia siempre habrá alguien más fuerte que yo, alguien más
bonita, o una madre más buena, etc.
Además
así juzgamos a todos: esta es más delgada, este es más tonto, etc. Pero
es uno mismo quien da esos juicios de valor, y estos no sirven más que para
darme una impresión de seguridad.
Entonces
no se trata de destruir al ego sino de aprender a reemplazar, aprender a
conocer, experimentar, vivir lo que sería el verdadero yo; el que no
funciona en base a la competencia ni comparación, sino que funciona en base
a la experiencia de lo que sí soy. Las creencias erróneas llegan a ser
como la cristalización de lo que es tu identidad a través de los años.
Tenemos
que ser muy pacientes, honestos y determinados porque la identidad real
tiene diferentes matices, es diferente a la identidad limitada.
El
conocimiento base del Raja Yoga es entender al propio ser como un alma y
vivirlo de esa forma. Imagínense cómo sería vivir como un alma, con una
conciencia eterna, pura, de paz. ¿Cómo serían las relaciones? El grado de
felicidad que tendríamos se reflejaría en nuestros rostros.
El
ego limitado siempre nos va a decir: yo sé, no puedo meditar, no tengo
tiempo, en algún momento lo haré, etc.
Se
debe tener paciencia para reconstruir el edificio de la identidad. Pero
también debemos tener la honestidad, ya que ésta nos ayuda a darnos cuenta
de las debilidades que queremos transformar. Si uno quiere dejar de fumar,
no lo puede hacer teniendo un cigarrillo en la boca. Si yo quiero ser
honesto y aún así continúo robando, eso es ego.
En
nuestra institución entendemos que la verdadera identidad es la paz. Así
que hay que echar afuera la impaciencia, la insatisfacción, el enojo, etc.
El
espacio de confort del ego limitado es: tengo la razón.El espacio de
confort del ego puro es: me siento bien porque vivo la verdad.
El
poder y la fuerza son necesarios para transformarse. Nosotros tenemos que
acumular el poder, es decir generar un poder propio. La disciplina genera
poder. Si quiere cargar una batería tiene que conectarla. Si estoy
enchufada en la realidad externa me descargo. Si estoy conectada con la
realidad interna y con Dios me fortalezco.
Si
fuéramos concientes de ser lo que somos, un alma, seríamos capaces de
sentir la compañía de Dios totalmente. Y podemos dar excusas (por ego)
pero a Dios no le gustan las excusas. Dios lo que ve es si llevamos una vida
llena de virtudes y belleza, El no ve la nacionalidad, color, tamaño, etc.
Cuando
te miras en el espejo pregúntate: ¿a quién quieres satisfacer?, ¿al
verdadero yo o al pequeño yo?
Para
transformar el ego necesitamos HUMOR, porque el ego odia sentirse mal. Y
cuando hay algo que hicimos mal culpamos a los demás porque al ego no le
gusta.
El
ego es como un niño, estamos llenos de miedo y no nos gusta reconocerlos.
Por ello debemos educarnos con mucha ternura, como si fuéramos bebés.
Debemos tratarnos con ese amor y no con violencia, porque por el mismo ego
nos tratamos con mucha violencia.
Es
nuestra propia violencia la que nos atemoriza.
Muchas
veces nos conformamos con lo más bajo,
no pensamos que podemos crecer entonces nos quedamos en el “estoy
bien así”, y no pasamos del kinder.
Volver
a la conciencia del yo es un ejercicio que deberíamos hacer repetidamente
para hacerlo natural.