EL PODER DE NUESTRA
VISIÓN SOBRE EL MUNDO
Valeriane
Bernard
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El impacto de nuestra visión.
Cada
uno de nosotros ejerce un determinado poder sobre el mundo debido a la visión
que tiene de él. Este efecto se hace sentir a veces de manera muy sutil y
otras veces de manera más evidente.
Entramos en relación con el mundo a través de nuestra percepción. Los demás,
las cosas y las ideas, forman parte de un mundo que se integra y que parte
de una codificación y de un lenguaje interior que nos es totalmente
personal.
Algunos
ejemplos pueden ilustrar estas observaciones:
Si
creo que alguna persona está en peligro, mi reacción será en base a eso.
Si
percibo a una persona como un enemigo, mi manera de entrar en relación con
ella se definirá por esta percepción. En algunos casos eso puede tener una
grave repercusión. Hemos oído en las noticias sobre gente que le ha
disparado a niños pensando que son ladrones.
Sin
embargo, es muy difícil distinguir el contenido de nuestra mirada sobre el
mundo. Estamos tan identificados a ello que pensamos que es así: "todo
el mundo se preocuparía en mi lugar" y " esta persona es
efectivamente peligrosa "...
Reconocer
que podría pensar diferentemente y crear en mí otro universo interior es
absolutamente necesario para que pueda cambiar y efectivamente mejorar mi
relación con "mi" mundo.
Uno es el dueño de su mirada, y puede cambiarla
Si
el mundo en general nos pertenece a todos, cada uno de nosotros es
responsable de su propio mundo y tiene que dar para sí mismo lo mejor de sí.
Es solo así que colectivamente podremos crear un mundo mejor, con la
condición de que cada uno asuma la responsabilidad de crear en torno a él
una notable mejora a nivel humano, ético, emparentado y espiritual.
Obviamente cada uno está en el centro de su propio universo y es por lo
tanto necesario encontrar cómo, en primer lugar, volver a entrar en relación
con nosotros mismos...
¿Cómo
nos percibimos? ¿Como víctimas de nuestras sociedades, de nuestros
tiempos? ¿Y cómo reaccionan frente a eso si tal es su mirada?
La
idea de servir a nuestro mundo o a la sociedad en su conjunto implica el
hecho de tener una mirada benévola sobre otros y nuestro ambiente social.
Algunas veces pensamos que mejorar la calidad de vida de la familia es
comprar 3 carros, pero será que eso mejoraría en algo el medio ambiente?.
Por lo tanto es bueno preguntarse si somos movidos simplemente por intereses
egoístas.
Nosotros
estamos constantemente observando a los otros, pero en realidad, lo que
hacemos es proyectar y ver nuestras propias diapositivas interiores... Y los
demás hacen lo mismo... Cuando se ama, se proyectan mutuamente
“corazones” y cuando se rechaza, se pone al otro en el papel del malo,
del insoportable y así va el contenido de la película que proyecta nuestra
conciencia.
Nuestra
mirada en nuestras relaciones es justificada por nuestro interés. Cuando
tomo conciencia de la calidad de mis imágenes y diapositivas interiores y
me doy cuenta, gracias al poder de la honestidad interior, que eso no es
positivo ni beneficioso de mi parte, puede dedicarme a crear imágenes del
otro basada en una visión de respeto, de comprensión y amor. Y puesto que
el otro reacciona a mis imágenes interiores, podrá también mejorar su
relación conmigo.
La
visión positiva y negativa
Con
el poder de nuestra visión positiva, podemos recargar a otros y a nosotros
mismos. Al contrario nuestra visión también puede debilitarlos y
desenergetizarlos, incluso en situaciones delicadas.
Por lo tanto, es interesante ver cómo en nuestro mundo, especialmente en
los casos de relaciones muy cercanas como la pareja, la familia, se hacen
ecuaciones de la clase: "más te amo más me preocupo por ti...
"o" más miedo me da por ti mas eso demuestra mi amor... "
Esto crea en torno a la persona amada una red de miedos y de temores que
vuelve la vida prácticamente insoportable. Porque incluso en los casos de
peligros más graves no sería mejor ¿vivir sin estar presa del miedo?…
El miedo es una de las emociones que crea más proyecciones negativas
prolongadas: uno se puede irritar 5 minutos y estar enojado un determinado
tiempo, pero el miedo, la aprehensión y las preocupaciones pueden durar
mucho tiempo. La gente en su mayoría no se da cuenta del daño que hacen
alrededor de ellos ni de la angustia que generan a pesar de todas sus buenas
intenciones.
Se escucha a menudo cuando se habla de estos temas: "Si no tuviera
miedo, me daría lo mismo... Ahora bien si estoy preocupado, es que yo no
soy indiferente... "
Esto
hace que algunas personas hasta pueden hacer que uno se sienta mal de no
tener miedo, y eso puede a veces desencadenar internamente en una confusión
emocional, como si no se supiera ya lo que es correcto y lo que no lo es.
¿Por
qué confundir indiferencia y preocupación? Se puede, sin preocuparse,
ocuparse y contribuir en busca de una solución. Hay una extensa diferencia.
Se podría efectivamente imaginar a un propietario de plantas regando por
amor y no por miedo a que se mueran y se sequen.
Una persona que ama a otra puede dar lo que desea dar por amor y ofrecer el
consuelo en una relación positiva y agradable, en vez de proyectar el
miedo, los celos egoístas, y las propias necesidades insatisfechas.
Encontrar
soluciones positivas, constructivas y creativas demanda una mirada pacífica.
El miedo es mal consejero para encontrar soluciones armoniosas y sanas.
Mirarse a sí mismo: una herramienta de
cambio
El
mundo está poblado de personas que piensan tener la razón. Si cada uno de
nosotros se ocupara de reconocer sus propios errores, a cualquier escala,
nuestro mundo podría mejorarse sensiblemente.
Esta
posición de arrogancia, la de creer que tenemos la razón, nos hace estar
dispuestos a justificarnos, hasta enojarnos, lo cual es una actitud
extremadamente contraria al acuerdo y a las relaciones armoniosas. El miedo
de no tener la razón es tan fuerte que cuestionarnos nos da muchas
dificultades.
Cuestionarnos
de manera positiva y no como antecámara del suicidio es absolutamente
necesario para mejorar nuestra especie.
La perspectiva de nuestro cuestionamiento debe acompañarse de la conciencia
de nuestro valor como seres, únicos y profundamente sensibles. La
naturaleza extremadamente preciosa de nuestra conciencia deja efectivamente
pensar que si vivimos en armonía con nosotros mismos, seríamos capaces de
emitir e intercambiar unos con otros con una calidad mucho mayor y el mundo
se beneficiaría de esto.
Si
el ser no está satisfecho internamente ¿que podrá dar y promover? ¿Que
podrá conocer acerca de los demás si incluso en sí mismo él no sabe
encontrar belleza y fuerza? Si no encuentra eso en él, buscará en otra
parte y podrá convertirse en dependiente muy fácilmente. Querrá entonces
crear relaciones de dependencia y no podría aspirar a una satisfacción a
largo plazo. Estas satisfacciones transitorias lo harán depender de su
fuente de alimentación pero se sentirá a la merced de su abandono, su
agotamiento o su desaparición.
Más
nos esforzamos en encontrar en nosotros mismos tanto la fuente de nuestros
conflictos así como el espacio donde podemos alimentarnos positivamente, más
desarrollamos hacia el otro una mirada de misericordia. La misericordia nace
del hecho que se comprende porque uno mismo ha tenido que atravesar zonas de
oscuridad y de contradicciones.
El mundo de las contradicciones interiores es como un laberinto, y para
poder cruzarlo serenamente es necesario buscar espacios de bienestar, de
unidad interior, espacios de no contradicciones donde nada triunfa sobre
nada, sino donde se encuentra en una posición de valoración y aprecio
completa.
Una
mirada de aprecio
El aprecio es la mirada más positiva que se pueda tener sobre nuestro
entorno, sólo la apreciación puede garantizar una verdadera aceptación
desde el corazón.
La
apreciación implica una posición interior de bienestar, un amor real para
los otros... Todos los otros.
El
humor, el amor, la unidad, la confianza, la satisfacción... son los
atributos naturales de un ser que tiene una mirada profundamente llena de
apreciación hacia nuestro universo. La mirada de Dios, es una mirada
profundamente compasiva y benévola, la imagen misma de la valoración, y
los que lo experimentan, cambian incluso de mirada sobre el mundo.