LIBERTAD
Por
Valeriane Bernard
Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris
Este Articulo en formato .doc
Siempre
amé ser libre…
Creía
que ser libre significaba comprenderlo todo, hacerlo todo y probarlo todo,
y así practicaba la libertad...
Por
este amor a la comprensión y esta curiosidad tan grande, me interesé en
la espiritualidad y me acerqué
más a ella... Gracias a la espiritualidad los cambios en mi comprensión
de la libertad fueron muy drásticos y sanos...
El
antiguo concepto mío, que se asemeja al de nuestra sociedad del siglo XX
yXXI, era: “hacer lo que quiero cuando quiero, como quiero y con quien
quiero”. Es decir que la libertad giraba alrededor de la acción, y este
“hacer” se centraba en todos los aspectos del “yo quiero”...
Sin
embargo, todo éste “querer” y “hacer” ha sido programado por
medio de la socialización y uno ha sido casi formateado... ¿Será que
realmente uno quiere esto que desea
o uno solo cree que lo desea?... Ya sea que se trate del último vestido o
la última computadora que compra, si
tuviera que medir ese deseo racionalmente frente a la verdadera necesidad
o la enfermedad ¿cuán valido y sano se vería este deseo?
¿Será que practicar la libertad de esta forma nos trae la
satisfacción que uno busca? Detrás de un deseo siempre se encuentra otro
y el ser se encuentra esclavizado por esta larga cadena de deseos que se
deben de satisfacer a fin de lograr una felicidad mediocre...
Muchos
de los deseos que se reivindican como propios desde la niñez y en la
adolescencia, después son muy bien canalizados por la sociedad de consumo
que sabe cómo manipularlos por medio del mercadeo y los medios, creando aún
más deseos en los seres humanos.
Al
acercarse a la espiritualidad uno empieza a comprender la libertad como
algo que viene desde dentro. Cuando se tiene libertad interior, se es
libre de actuar, porque uno no está solo movido por pulsiones sino por
decisiones y elecciones bien pensadas y asumidas.
Surge
la pregunta: ¿cuán libre es uno de pensar, de sentir y experimentar a
nivel interno?
Si
bien uno es libre de pensar y sentir lo que quiere, el obstáculo
principal a ésta libertad se encuentra muy pronto: no se es libre sin
maestría... Uno se fija que de hecho ser libre es como ¡tocar piano!
Para
tocar piano se tienen manos y notas, pero aún así, ¿cuántos de
nosotros podemos disfrutar de la libertad de tocar con satisfacción?
Tocar piano implica conocer el instrumento, la música y tener maestría
sobre los dedos, manos y mente...
Frente
a la aventura de la libertad interior es igual: se tiene que conocer el
propio ser con sus distintas habilidades y limitaciones para trabajarlas,
de ésta manera se sabe lo que se puede pretender, lograr, entender y
experimentar.
Eso
es la verdadera espiritualidad.
Uno
es libre de pensar, pero, cuánto poder de concentración se tiene, antes
de que la mente, éste caballo salvaje, lo lleve a uno por cuenta propia,
adonde uno no quería ir....
Por
lo tanto, hay que hacer investigaciones muy honestas para ver ¿cuánto
uno piensa, siente y experimenta, lo que realmente quiere? Luego se trata
de sentarse a practicar. Es parecido a los músculos físicos, si uno
quiere tener más fuerza tiene que hacer ejercicios para fortalecer y
flexibilizar al cuerpo. A nivel mental y espiritual, es todavía más
complejo porque no se ve, ni se toca; la realidad interior sólo se
percibe, y para ello también hay que desarrollar la visión interna. Los
logros dependen mucho de la fuerza del deseo del practicante.
Recuerdo
un dicho de un erudito que escuché en India: “Cuando el ser humano
quiera la paz tanto como una persona que se quema quiere agua, la
encontrará.”
¿Cuán libre es uno de ser feliz si se lo propone? ¿Ahora mismo,
en este instante? Si el objetivo de una persona es ser feliz, debe
reconocer que el potencial de ser feliz se encuentra internamente.
Uno
se da cuenta muy rápidamente de que aunque la felicidad es una capacidad
y un derecho propio, y uno es libre de experimentarla si lo desea, aún es
muy fuerte la tendencia que se ha aprendido por socialización de que se
es feliz sólo cuando se satisfacen los deseos.
Cabe
preguntarse, ¿se necesitan satisfacer los deseos para ser feliz o se
puede ser feliz porque es parte de las capacidades propias como ser
humano?
Internamente
se encuentra una de las grandes contradicciones humanas: ¿seguir en la
carrera de la satisfacción de los deseos o encontrar la felicidad en
menos tiempo?
Resolver
este enigma es una decisión esencial para el desarrollo de un ser humano,
porque éste se encuentra atado a todo un sistema de creencias. Si
profundamente sigue creyendo que se necesitan satisfacer los deseos para
ser feliz, no será libre, será dependiente: dependiente de la capacidad
de satisfacerlos. Y por
supuesto la calidad de los deseos determina mucho la calidad de nuestra
vida.
Querer
dinero y más dinero, no es como querer satisfacer la necesidad de tomar
agua, o comida... Pero, tienen en común, el que son deseos y por lo tanto
tienen la capacidad de movernos y ¡atarnos!
Para
resolver parte de estos enigmas hay un secreto de la espiritualidad que es
muy simple pero profundo en sus consecuencias: existen
los deseos egoístas y los deseos puros. Los deseos egoístas atan y los
puros liberan. Los deseos puros son los deseos que traen beneficio a los
demás y al propio ser, no dañan ni a la persona, ni al medio ambiente.
Por lo tanto si son deseos puros los que me motivan, no me encadenan, me
liberan.
Mientras
más uno llega a conocer la capacidad que tiene de ser libre, más se fija
de todos los aspectos de libertad que podría reivindicar para sí mismo.
¿Uno
es libre de comprenderse a sí mismo y a los demás?
¿Uno es libre de comprender y acercarse a Dios?
Si
a estas preguntas uno responde que sí, la libertad propia se vuelve
enorme y el trabajo de investigación ilimitado.
Cuando
el ser humano se haga las preguntas que le permitan verificar que sus
creencias lo limitan o que son contradictorias con sus metas o deseos, se
fijará en la necesidad que tiene de dejarlas ya que no son verdaderas,
beneficiosas ni justas.
Cuanta
más maestría se tiene de libertad interna, más el aspecto de ésta en
el hacer y las relaciones cambia; porque se percibe la libertad no sólo
en decir lo que uno quiere sino en lograr decirlo como uno quiere para que
tenga un efecto provechoso a nivel del diálogo y la relación. La
libertad da conciencia intensa del inmenso poder de creatividad que se
puede usar en todos los ámbitos de la vida.
Uno
empieza a poder percibir las consecuencias tan enormes de nuestra
libertad...
Otra
ley muy conocida de la espiritualidad que se refiere a la libertad es: “Cosechas
lo que siembras”. Somos libres a la hora de sembrar tal o cual
semilla y menos libres a la hora de cosecharlas si las semillas fueron
malas.
Cabe
preguntarse: ¿Soy o no soy libre de sembrar? Mientras más condicionado
esté uno menos libre será en realidad, ya que la libertad implica una
capacidad real y total de elegir.
Cuanto
más se está bajo la influencia del sufrimiento o del miedo, menos libre
se es internamente. Uno está sujeto a esta negatividad y por lo tanto
imediatamente se pierde la libertad de estar bien, de estar en paz y armonía.
La libertad implica entonces claridad
a nivel mental, emocional e intelectual.
La
única libertad se puede entender como la de reivindicar nuestra propia
auto-soberanía.